Atreviéndome a sentir

Mi camino del aprendizaje me ha traído a experimentar y reflexionar sobre el Amor. Y permitirme a sentir intensamente. Eso ha sido difícil para mí. Cuando empecé en este camino, hice un viaje muy consciente desde mi cerebro y mi lógica que hasta el momento había controlado todo, y me decidí sumergir en las profundidades de mi corazón. Fue para mi un aprender a caminar nuevamente. Fue volver a iniciar mi vida. Y por supuesto, como un bebé que empieza a explorar su mundo, me caí y me tropecé muchas veces. Acá hay un escrito que hice de ese momento:

“Emprendí un camino del alma. Un camino totalmente incierto, sin ninguna garantía. Sin ninguna certeza. Con la soledad, el dolor y el amor brotando por cada poro, con la cara roja de la culpa y la vergüenza, porque amé, me permití sentir todo, me tropecé y deambulé torpemente, pensando y diciendo las cosas que se me iban ocurriendo, todas las cosas por las cuales luego con la cara roja y las lágrimas calientes me reproché, porque mi ego no entendía que yo anduviera así, tan expuesta.

Caminé en círculos, sin llegar a ningún lado, con los ojos vendados y sin encontrar mi verdadero centro. Busqué a mi corazón tanto y con tanta hambre que con mi mano rasguñé la piel de mi pecho y lentamente esta armadura se fue abriendo, con dolor y sangre, con cada rasguño más profundo fui labrando un camino, abrí mi piel y mi pecho, metí mi mano, saqué mi corazón y lo levanté al frente mío. Y me dejé guiar por eso que llamamos corazón pero que son las emociones y el alma. Las emociones caprichosas y cambiantes, el alma esencial y duradera, el centro y la paz. Por qué están tan cerca una de la otra no lo sé, estos dos aspectos tan duales, tan distintos…

Pero este camino es todo menos paz. Este camino está lleno de espinas. Este camino está lleno de letreros falsos que te indican una salida, y que luego llegan a un claro en la mitad del bosque donde tu única opción es devolverte por donde venias y, con la mirada baja y triste, volver a retomar. Y además es un camino donde sabes que ya no puedes regresar. Porque una vez tu corazón lo sacas así del pecho, en esta búsqueda insaciable, este ya no te cabe donde estaba antes. Y tu única opción es llevarlo así, ridículamente y ostentosamente al frente tuyo, por donde vayas.

Y andar así atrae toda clase de situaciones incómodas y difíciles, porque los demás ven esa cosa tan roja y a algunos hasta les despierta interés, a algunos les parece interesante esta mujer con ese corazón tan rojo y tan enorme sostenido al frente de ella. Y se acercan, pero más por curiosidad que por deseo de conversar y de relacionarse.  Como un visitante a un circo que se acerca a la mujer barbuda, por una fascinación horrenda que no pueden dejar de mirar pero que se quedan ahí estupefactos, como preguntándose, ¿cómo sería si yo tuviera una barba así tan obvia y  tan – evidente? ¿cómo sería si yo anduviera con ese corazón tan obsceno al frente mío? Y luego siguen su camino y dejan a la pobre mujer sola, sin dignidad, con su enorme defecto ahí expuesto.

Así, desprovista de mi usual armadura, vulnerable como un gusano totalmente blando color rosado albino que nace sin ojos y sin nada duro que lo proteja. Así salí. Y así camino. Como un gusano, siento absolutamente todo. Siento un dolor desgarrador, siento el detener del tiempo porque cuando estás así tan vulnerable todo se siente mil veces más y más lento que en la vida normal. A veces hay días tan desesperanzadores que tengo unas ganas enormes de cavar un hueco y meterme allí dentro, y volver a lo conocido, a la certeza del ego, a todos los castillos de naipes que durante años construí con fría lógica y extrema precisión, al control de mis emociones y circunstancias, al control de todo y de todos, pero más importante aún al rígido control de mi misma. Y así volver a un corazón chiquito pero hermético. Oculto, seguro. Donde todo parece perfecto visto desde afuera.

Pero ya no puedo volver, ya no puedo volver a mi lugar seguro, estoy acá como un gusano sintiendo el aire que me roza la piel, y sufriendo cada ondulación del camino…que ironía que caminar el camino del corazón te lleve a dudar de tu mismo corazón de una forma tal que sientas a veces la imperiosa necesidad de cubrirlo, de no dejarlo sentir tanto, de cerrarse para poder tener la fuerza y el coraje de continuar, de dar otro paso más en este tortuoso camino lleno de espinas.”

Años después, leo esto y aún me veo. Sigo siendo la mujer que siente. Me dejo guiar por mi corazón. Ya no puedo volver a cerrarlo. Cada vez siento aún más mis emociones profundas que yacen debajo, su intensidad y su pasión. Cada vez me siento más cómoda con las olas.

Entiendo que este sentimiento apasionado nace de una herida sagrada. Y que está conectado también con mi dolor. Entre más me abro a amar y sentir la dicha del amor, también siento su dolor. Entre más luz, también más oscuridad. Me llega la imagen de una flor abriéndose, en placer y gozo…al mismo tiempo que se abre al mundo, también sabe que es un momento, que momentos después estará marchita y en el suelo. Por ese momento perfecto de abrir tus pétalos. Por esos momentos que son como las perlas que encuentras cuando nadas profundo en el océano.

Sé que el Amor fluye a través mío y que es una energía que está en todo, y en todos. Fluye a través mío. Cuando trato de agarrarlo, se esfuma como un colibrí en vuelo. Y siempre, cada vez que salgo a buscarlo afuera, mi lección es, vuelve a tu centro. Como una respiración. Con cada exhalación, vuelve a ti. Vuelve a ti. Porque el Amor está en ti, no en nada externo. También está en todo pero tú eres la fuente y el canal de ese amor. Hasta que no reconozcas verdaderamente que tú eres el canal más puro y hermoso de ese Amor, no lo vas a encontrar afuera. (Esto que acabo de decir, me lo sigo repitiendo cada vez que salgo de mi centro a tratar de agarrar afuera el elusivo amor).

Sé que ese sentimiento también me hace la mujer completa, vibrante y apasionada que soy. Agradezco este camino por la profundidad y la intensidad que tiene. Abrazo completamente mi deseo. Honro mis necesidades. Cuando me expreso, busco decir desde mi corazón lo que siento. Cada vez profundizo en este camino. Soy la eterna discípula, curiosa, abierta, exploradora.

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Te deseo una vida llena de Amor, guiada por tu corazón.