Reconexión con mi cuerpo

Muchas veces me desconecto de mi cuerpo y de mi energía. En el día a día, en mis interacciones con los demás, en los retos que afronto. Me pierdo en la interacción, me fusiono con el otro y permito que desde mi apego y mi necesidad me aferre a algo externo. Me doy cuenta que hay pequeñas y grandes adicciones…a revisar mis redes, a contestar el whatsapp, a estar siempre presente para los demás. Cuando era más joven, mis adicciones eran el ejercicio y la comida.

La pregunta que más me ayuda en esos momentos de desconexión y por lo tanto de pérdida de mi propia fuerza vital, es …¿qué hay detrás? ¿Qué hay detrás de mi necesidad de (mirar mi teléfono) compulsivamente? (Y acá puedes sustituir la palabra “mirar mi teléfono” por comer, hacer ejercicio, tener relaciones sexuales, coquetear, hacerme tratamientos, tomar alguna sustancia, tomar un curso, escaparme).

Cualquier compulsión, por pequeña que sea, es un mensaje para ti. Qué hay detrás de la compulsión? El deseo de ser aceptada, amada por los demás? El deseo de sentirte en paz, suficiente, con un mayor nivel de fuerza?

¿Para qué necesitas ser “fuerte,” “suficiente,” o “perfecta”? Quién o qué te dice que debes cambiar para poder ser amada y exitosa?

Muchas veces el peor crítico, la voz más inclemente,  es la que tenemos por dentro. A esa voz debilitante la llaman los sicólogos el Ogro interior, o el crítico interior. Todos tenemos un crítico por dentro, en algunos ese suena más duro y nos limita más que a otros. Y ese se va construyendo a lo largo de los años entre nuestros padres, nuestros compañeros de colegio, y la sociedad con sus normas y prejuicios. Después de un tiempo, se normaliza tanto esa voz en nosotras que nos cuesta trabajo entender la diferencia entre esa voz y las otras voces en mi cabeza…porque todas tenemos varias Partes adentro de  nosotras que hablan e interactúan entre ellas.

Te invito a hacer un ejercicio simple en este mes de reconexión con esas voces y con tu cuerpo. En el de silenciar esa voz y a la vez escucharla, en el de reconocerla como algo diferente de ti y de tu esencia, y en re-conocerte y nutrirte desde un lugar de amor propio.

Acuéstate boca arriba, cómodamente tumbada. Abre las piernas ligeramente, o ponlas en forma de “diamante”, con los pies tocándose. Acomódate de forma que te sientas realmente cómoda y relajada.

Junta tus manos y ponlas también en forma de diamante, con los dos dedos índice tocando apuntando hacia tus pies y los dos pulgares tocando y apuntando hacia tu cara, sobre tu vientre. Siente cómo cada mano está descansando encima de cada uno de tus ovarios. En esta posición, relájate y conéctate con tu vientre, centro de tu fuerza vital. Siente cómo tus manos calientan, nutren y sanan tu centro energético.

Toma un par de respiraciones profundas. En cada respiración, haz un escaneo mental de tu cuerpo. Revisa cualquier molestia, tensión, o dolor. Suelta cualquier tensión. Observa, sin juzgar, tu cuerpo.

Y hazte la misma pregunta que te decía para observar tu voz interior y tus distracciones: ¿qué hay detrás de este (dolor, tensión, molestia, pesadez, falta de vitalidad) en este lugar de mi cuerpo?

Date cuenta que no eres la voz de tu ogro, y tampoco eres tu tensión corporal o dolor. Tu dolor es un síntoma de algo más profundo que acallas, de alguna emoción reprimida, o dinámica no resuelta en ti.

Ve más profundo. Hazte las preguntas esenciales…

¿Qué hay detrás? ¿Qué me dice este dolor, compulsión, hábito? Qué emoción debo trabajar para liberarme de este comportamiento pensamiento que no me nutre?

Y suelta; con cada respiración suelta y devuelve el dolor y la distracción al suelo, a la Madre Tierra que todo lo recicla y lo usa.

Escucha tus voces críticas, y escucha tus molestias. Afirma que no eres ellas. Que hay algo esencial en ti, indestructible, más fuerte que todo lo demás. Tu Esencia.

Te deseo un mes de reconexión con tu cuerpo y tu mente, y que nutras tu capacidad de nutrirte, de sanarte y darte el amor que buscas afuera y que sólo tú te puedes dar.

Alejandra